27/12/07

IDEAS DIGNAS DE LA DGT (I): HACER LA PASCUA

De vez en cuando, bajo la denominación genérica "IDEAS DIGNAS DE LA DGT", haré propuestas que las personas sensatas quizá encuentren disparatadas, pero que a mí simplemente me parecen la pere (léase en catalán y entiéndase en castellano) y, precisamente por eso, dignas de la DGT. Ahí va la primera: "HACER LA PASCUA".

Por favor, calma. ¿A qué vienen esas sonrisas y los comentarios tipo "¡Anda éste, qué original, quiere enseñar natación a un pez!"? Ojo: lo que propongo no es hacer la pascua en el sentido clásico, sino algo también muy del gusto de la DGT: copiar medidas que hayan dado buen resultado en algún sitio —aunque su ámbito y condiciones de aplicación no sean en absoluto equiparables— y presentarlas como una panacea infalible "porque han demostrado su eficacia". ¿Y qué sitio he elegido para copiar...? Pues la Isla de Pascua.

No recabé datos oficiales (suponiendo que haya), pero durante una estancia en esa peculiar isla chilena tuve la sensación —corroborada por los nativos— de que han conseguido que apenas haya accidentes con contrario, y que para morir circulando haga falta ser enfermo terminal... o pegarse un tiro.

Maravilloso, ¿no? Pero, ¿cómo lo han logrado? Pues sospecho que semejante éxito debe mucho a dos medidas que descubrí —y me dejaron pasmado— al alquilar un coche:

1.- Valentía limitando la velocidad: Al preguntar si había límites genéricos, me dijeron que en el único núcleo urbano (Hanga Roa) y en las vías sin pavimentar, no más de 30 Km/h; y en carreteras pavimentadas, no más de 60 Km/h, aunque era mejor no pasar de 20 y 50, respectivamente. ¿Es para quedarse pasmado... o admirado? ¡Sí señor, eso es tomar decisiones valientes, no nuestras timoratas limitaciones que parecen buscar compromisos imposibles entre eficacia conseguida y disgusto provocado! ¡A ver si toma ejemplo la DGT! Y en caso de que con límites similares ‑si se adoptasen aquí‑ aún lograra matarse alguien, pues se limita a 10... o a 5 Km/h. Por nuestra seguridad, ¡lo que haga falta! Y eso sin tener en cuenta la benéfica influencia que una medida así tendría sobre la contaminación, ahora que tanto se lleva ser un concienciado y preocupado experto en cambio climático, porque si se supone que rebajar ligeramente un límite de velocidad (como han hecho en la mayor ciudad del noreste de España) reduce notablemente la contaminación, aplicar semejantes limitaciones casi convertiría el tráfico en unos juegos florales.

2.- Inexistencia de seguros: Pero cuando realmente descubrí hasta qué extremo puede llevarse la búsqueda de seguridad fue al preguntar las coberturas del seguro incluido en la tarifa básica (por cierto, bien cara), porque mientras iban pidiéndome los datos para el contrato, mantuvimos más o menos el siguiente diálogo:
—¿Seguro...? En Pascua no hay seguros.
—¿Y qué hacen cuando sufren un accidente?
—Es que aquí no hay accidentes.
—Enhorabuena; pero si tienen uno, ¿qué hacen?
—Llegar a un acuerdo, claro.
—Pues a mí eso me parece preocupante. Creo que no voy a alquilar el coche.
—¿Por qué...? No se preocupe, verá como en cuanto circule un poco, se da cuenta de que aquí nunca pasa nada.

Y entonces lo entendí: ambas medidas se complementan tan perfectamente que su eficacia es casi absoluta (conste que si digo casi es porque la prudencia aconseja evitar afirmaciones rotundas). Los pascuenses están obligados a circular tan despacio que rara vez se accidentan; si ocurre, es casi imposible que se maten; y por si la lentitud pudiese degenerar en distracción, se les estimula mediante la inquietud que produce no estar protegidos por seguro alguno. ¡Toma ya!

Luego, que sean cuatro gatos, que apenas tengan pavimentados 30 Km y que el total circulable no llegue ni de lejos a 100 Km, sólo son minucias que no hacen menos trasladable el método a nuestra red vial. Lo importante es copiar lo bueno, y si esa acertada gestión no obtiene el resultado previsto, lo procedente es atribuirlo a los de siempre: los conductores, porque nos guste o no, la verdad final es que si no condujésemos, no habría accidentes de circulación.

Simple, brillante y eficaz, ¿no? Pues ahí queda la propuesta. ¡Animo!

20/12/07

CAMPAÑITA NAVIDEÑA: "UN MUERTO EN TU COCHE"

Considero deber de buen ciudadano proponer una Campañita navideña que llevaría a límites aún inalcanzados la habitual línea "DGT-Gobierno de España" (de tan notables resultados), convencido de que así incrementaría su eficacia.

Empecé a rumiar la idea el pasado junio, cuando la ocurrencia de enriquecer la campaña de control de alcoholemia con charlas in situ de lesionados medulares. Poco después, en el artículo "DGT = ¿DIRECCIÓN GENERAL DE QUÉ...?", que publiqué en este Blog el 08/08/07, lo califiqué de "ideón" y me comprometí a revisarlo en el futuro buscando el máximo aprovechamiento de su potencial. Pues bien, creo que éste es buen momento para cumplir.

El núcleo de mi razonamiento es que las campañitas basadas en mensajillos truculentos, accidentados varios acercándose a la ventanilla para contarte sus vidas y desgracias, coches siniestrados (con notita explicativa, claro) diseminados por calles y carreteras, cual macabros sustitutos de los belenes (ya que laicismo mola...) y ocurrencias similares, sólo son medias tintas, pues a todo se acostumbra uno y aun suponiéndoles alguna efectividad, confío en que sería momentánea y en que el mal trago (puede que para alguien lo sea) se olvide apenas reiniciada la marcha. Si no, ¿te imaginas conduciendo trémulo y sudoroso, pensando obsesivamente: "Joder, si es que es verdad, es que puedo pegármela y quedarme tullido, o matar a alguien..., ¡o yo qué sé!"?

Apenas logro imaginar un estado de ánimo y concentración menos adecuado para conducir (creo que cualquier persona sensata estará de acuerdo y no querría verse en semejante tesitura), pero como ese es uno de los objetivos más perseguidos por la DGT-GdE, evidentemente convencida de que no hay mejor preventivo que la secuencia intimidación-acoquinamiento-represión, y donde hay patrón no manda marinero, vuelvo a la exposición de mi idea, que empezó a redondearse al venirme a la memoria una campaña navideña contra el hambre, de hace muchos años, cuyo mensaje era: "Estas navidades, sienta un pobre a tu mesa".

Entonces lo vi claro: Lo que hace falta es un recordatorio permanente, y qué mejor recordatorio... que sentar un muerto al lado del conductor. Eso sí que impresionaría, ¡y constantemente! Ah, y "por nuestra seguridad", sería obligatorio, claro; y quien no lo lleve, ¡a la cárcel! Brillante, ¿verdad?

Lo malo es que como casi todas las ideas brillantes, ponerla en práctica plantearía algunos problemas, pero el principal creo haberlo resuelto, y en cuanto a lo que no haya previsto adecuadamente, que lo hagan quienes se encargarían de decretar e imponer la medida (no se lo voy a dar todo hecho... y gratis).

El problema al que me refiero es que los cadáveres podrían manchar la tapicería al rezumar sus humores (obligando a poner fundas impermeables, lo que encarecería la instalación) y no habría suficientes para todos, amén de que subirían de precio al crecer la demanda, y ni la crisis ni la inflación están para bromas. Por eso creo que podrían sustituirse por hiperrealistas muñecos mutilados, con algunas vísceras colgando e impregnados del adecuado tufillo pútrido (así, podrías no mirarlo, ¡pero a ver cómo ignorabas el hedor!), cuya fabricación y distribución generaría riqueza y puestos de trabajo.

Luego, acabada la temporada, los muñecos se guardarían en casa, en el maletero... o en la última fila de asientos, aprovechando que cada vez están más de moda los "7 plazas", pese a que rara vez se llevan todas ocupadas (he ahí otra ventaja de los muñes sucedáneos, pues para evitar su deterioro, los cadáveres auténticos habría que tenerlos en formol o en el frigorífico). Y en cuanto llegase otra fecha que la DGT-GdE considerase adecuada (puentes, vacaciones, etc), a ponerlos de nuevo.

Ah, y si la medida tuviera el éxito previsible, pues permanentemente colocados en el ahora llamado "asiento de la muerte", que podría pasar a llamarse "asiento del muerto". De hecho, llegado el caso, incluso podrían venir instalados de fábrica, como cualquier otro elemento de seguridad (cinturones, air-bags, etc), lo que los abarataría considerablemente.

Hala, ahí queda la idea. Lamento que un problema técnico-informático me haya impedido divulgarla unos días antes (¡qué va, es mentira! Lo que pasa es que considero a la DGT-GdE capaz de cualquier disparate y me daba miedo que alguien pensara: "Anda, mira, pues no está mal esto"). Aun así, no me quedo del todo tranquilo porque si llega a manos de quien tenga poder y clarividencia para hacerla realidad, puede percatarse de que si es tarde para aplicarla ahora, hay más días que longanizas... y ya vendrán puentes mil, Semanas santas, veranos..., etc. ¡Veremos, pero de momento, FELICES FIESTAS!

13/12/07

SONRISAS Y LAGRIMAS

El 10/12/07, una comparecencia del Ministro y el Director General del ramo, para presentar las últimas ocurrencias, me permitió ver qué manos rigen nuestro tráfico.

Vaya por delante que sin sentar precedente y debido a las circunstancias en que se desarrolló lo que voy a narrar, esta vez no analizaré el fondo de la presentación, sino su forma:

Cuando AnDGTena 3 emitió la noticia (ahora da menos, pero hace tiempo encontré motivos de sobra para apodar así a cierta emisora, y le mantengo ese mote más cariñoso que peyorativo), yo ofrecía una comida en casa y no estaba viendo la tele, sino que acudí en respuesta a un regocijado aviso de mis invitados: "¡Andrés, ven; están saliendo unos que te encantan!".

Reconozco que al descubrir de quienes se trataba, me hubiera vuelto a ir (odio que me hiervan la sangre, y más cuando soy anfitrión), pero por cortesía, me dispuse a lidiar chanzas... y a prestar la menor atención posible a la pantalla. Sin embargo, lo que vi me impidió lograrlo.

Allí estaban un ministro del que no oso decir nada (haber sido ministro en la peor época del "Felipismo", capear la catarsis en primera línea, y volver a serlo, me parece credencial suficiente para temerle no más que a un nublado, sino más que a una gota fría) y un director general al que recuerdo en una entrevista, recién nombrado, cuando a la pregunta "¿Se considera capaz de arreglar el tráfico?", respondió (más o menos): "Hombre, si no, en vez de aceptar el nombramiento, me iría a pescar en mi barco, que es lo que me gusta; porque yo no necesito este cargo para vivir".

Pues bien, allí estaban ambos —repito— juntitos tras una mesa, dispuestos a enfrentarse a los periodistas. Se los veía relajados y seguros —incluso felices de conocerse a sí mismos y entrambos, diría yo—, quizá porque era el lunes posterior a un puente de la Constitución-Inmaculada... cuyas cifras de siniestralidad evidenciaron la eficacia de las recién estrenadas penas de encarcelamiento.

Por cierto, voy a permitirme un inciso al respecto: Mientras yo siempre he dicho que es más realista contar accidentes que muertos, pues esta cifra —la que se facilita habitualmente— depende entre otras cosas de la ocupación de los vehículos implicados, de la suerte de sus ocupantes y de la eficacia de la asistencia que reciben (ver, por ejemplo, el punto 2 del artículo "DGT = ¿DIRECCIÓN GENERAL DE QUÉ...?", publicado en el Blog el 08/08/07), esta vez fue el ministro quien, cuando le plantearon la desfavorable comparación interanual, arguyó que un accidente de autobús había condicionado el número de víctimas mortales. ¡Qué cosas, verdad!

Volviendo al tema, todo fluía de maravilla hasta que, de pronto, un periodista joven —seguramente, un puto becario insensato y demagogo, con ganas de hacer perder tiempo y de devaluar la comparecencia banalizándola y restándole brillantez—, le espetó al ministro (más o menos): "Sr. ministro, ¿va a cesar al Director General por haber sido pillado su coche superando la limitación de velocidad?".

Por favor, ¡que combinación de mala leche y falta de tacto! Ante semejante torpedo, yo temblé y mis amigos se quedaron mudos, pero no pasó nada porque, afortunadamente, en las grandes ocasiones se ve a los grandes profesionales, y lo que pudo ser un desastre, acabó siendo una ocasión de lucimiento.

Al oír la pregunta, los comparecientes se miraron, y lejos de prorrumpir en un descontrol de risotadas (como habría hecho cualquier persona menos preparada), se limitaron a sonreír más abiertamente. Su innegable complicidad parecía indicar que ya habían tratado tan simpática, anecdótica e intrascendente travesura. Se los vio coleguillas, se notó buen rollito, y por fin, el ministro, complacidamente observado por su nada inquieto compañero, dijo: "La respuesta es evidente: No".

A mí, por su gesto y tono, aquello más que a respuesta me sonó a proclamación de una obviedad, pero eso sí, adornada con la elegancia de no explicitar la coletilla tipo "¿Qué te creías, chaval...?" que parecía llevar implícita. Sí señor, eso es delicadeza, generosidad y guardar las formas.

Luego, sin disimular mutua aprobación y complacencia, sus sonrisas rozaron el rango de risa... y eso pareció bastar para zanjar el asunto y distender la situación, pero también hizo que, incontenible ya, estallase mi vena borde, así que mirando a mis amigos y resuelto a no atender ni un segundo más a la pantalla, dije: "Pero bueno, ¿de qué coño se ríen esos individuos?"

Conste que no lo dije encolerizado ni alterado, sino asqueado, porque ver cómo personas con alguna competencia en ello —aunque sólo sea teórica— hablan de víctimas, siniestralidad, comportamientos inadecuados, medidas coercitivas, etc, al tiempo que dejan impune una infracción propia y se toman a broma haber sido pillado in fraganti, todo ello sin perder la sonrisa, disculparse ni mostrar contrición, me asquea. Da igual si lo hacen por talante, por soberbia o por lo que les dé la gana; el hecho es que me asquea sin poder evitarlo. ¡Qué le voy a hacer!

Total, que con mi preguntita y posteriores disquisiciones acerca de que mientras ellos sonreían, quizá más de un familiar de víctimas del tráfico —e incluso alguna víctima superviviente— estuviesen llorando su desgracia, casi convertí la comida en una tragedia, pero es que a veces la realidad supera a la ficción, y en la vida, como en el cine, no falta quien contribuya a que se mezclen sonrisas y lágrimas.

12/8/07

POR NUESTRA SEGURIDAD (I): FUERA SEÑALIZACIONES ESCRITAS

De vez en cuando, bajo la denominación genérica "POR NUESTRA SEGURIDAD", propondré medidas que incrementarían la seguridad circulatoria, como sin duda lo haría, por ejemplo, suprimir las señalizaciones escritas.

Un catálogo de señales como es debido, permite transmitir cualquier indicación mediante simbología fácil y claramente comprensible. Y si tiene carencias, se subsanan, pero no se recurre a mensajes de texto, sobre todo en países como España, que entre la cantidad de turistas que recibe y la riqueza cultural de nuestro plurilingüismo, podría adoptar como bandera una Torre de Babel tambaleante sobre un puzle de enseñas autonómicas.

Tomemos como ejemplo el caso de la foto: Carretera de montaña en buen estado, con visibilidad limitada por una curva descendente hacia la derecha. No hay prohibición —vertical ni horizontal— de adelantamiento, no hay indicación de curva peligrosa, no hay limitación de velocidad, pero hay una señal de advertencia de peligro cuyo significado es "otros peligros". Y además incluye tres palabras.

Ahora, supongamos que quien se encuentra eso no es castellanohablante. ¿Qué sentirá...? Pues imagino que desde cierto mosqueo hasta casi pánico, según sean sus conocimientos lingüísticos, porque si conoce nuestro abecedario, quizá entienda atención... e incluso claxon (toquen ya es más delicado); pero si su idioma emplea caracteres distintos (por ejemplo, árabe, ruso o chino, por citar sólo un trío nada escaso en España), lo natural es que no entienda nada, y claro, saber que avanzas hacia un peligro desconocido, debe resultar muy poco tranquilizador.

Pero lo cómico del caso, si no fuera trágico, es que como el mensaje simbólico está claro, pero resulta vago ("peligro indefinido"), es lógico suponer que lo escrito desvela su naturaleza. Sin embargo —como sabemos quienes lo entendemos—, ese mensaje no aclara la índole del peligro; se limita a ordenar el uso de la señal acústica. Total: mucha señalita, muchas letritas, tal vez tanta buena voluntad del señalizador como ineptitud demostrada, pero a la hora de la verdad, todos sumidos en la ignorancia... y algunos acongojados e incumpliendo lo ordenado, por falta de información, es decir, por mala señalización.

Y ahora voy a citar de pasada otras señalizaciones escritas muy frecuentes, para que cada cual valore, según su criterio, desde lo inútiles hasta lo perniciosas que resultan: ¿Qué es eso de poner "Recuerde" bajo cualquier señal, o "Usted no tiene la prioridad" bajo una señal de ceda el paso: una redundancia inútil o una gilipollez? Y lo de "Atención, cruce peligroso", ¿es que no existe la señal adecuada... que además se suele poner conjuntamente? Y lo de "Peligro, firme deslizante", tres cuartas de lo mismo. ¿Y lo de "Firme en mal estado" o "Extreme la precaución con nieve o hielo" o "Peligro desprendimientos" o "Estrechamiento" o tantas otras, todas ellas, como mínimo, ridículas, incorrectas y potencialmente ineficaces...?

Pues bien, por las razones expuestas y por nuestra seguridad, yo, aun sabiendo que no servirá de nada, exijo que se eliminen y dejen de usarse las señalizaciones escritas. Ah, y conste que este problema no sólo es español; por desgracia, está muy universalizado.

10/8/07

¡QUÉ POCA VERGüENZA!

Circular por España observando y analizando nuestras infraestructuras viales es toda una experiencia...

Tengo la desgracia de viajar frecuentemente entre Madrid y Granada, y siempre dedico tales maldiciones a los culpables de mis cabreos (y a su parentela), que como un día me mate en el trayecto, iré al infierno con escolta y banda de música, porque apañados iban con que se cumpliera sólo un 10% de mis deseos.

A grandes rasgos, la secuencia de mi amostazamiento es ésta: Salgo de Madrid y sobrellevo bastante bien las deficiencias e incoherencias hasta la Cuesta de la Reina (poco antes de Aranjuez), cuya limitación a 80 Km/h empieza a templarme el cueceleches.

Al acabar la bajada, una interminable limitación a 100 Km/h me aconseja ir casi más pendiente del retrovisor que de lo que hay por delante, para controlar a los que van a pasarme y a los vehículos pesados que se me echan encima.

A continuación ya me puedo concentrar en el velocímetro para no superar 132 Km/h en las peligrosísimas rectas que recorro, ni rebasar las limitaciones puntuales (claramente pensadas para autobuses de dos pisos sin amortiguadores y con el superior retacado de plomo) de algunas curvas en las que cuesta no distraerse admirando las vistosas señalizaciones irregulares que las adornan.

Otro ameno entretenimiento son las señalizaciones contradictorias. Por ejemplo, en el kilómetro 135 indica "100 Km/h durante 4 kilómetros", pero es mentira. Esos 4 Km incluyen limitaciones inferiores —y, cosa rara, sin final señalizado—, así que si no se tienen buenas dotes de observación y concentración, hay momentos en que ya no sabes qué han decidido "por nuestra seguridad" los próceres del tráfico.

Pero no todo va a ser criticar. Conste que algunos tramos restringidos por limitaciones y prohibiciones sí tienen señalizada su finalización. Nunca he llevado la cuenta, pero estoy seguro de que entre ida y vuelta Madrid-Granada, por lo menos dos... ¡y puede que incluso haya más! De todas formas, si hay faltas, ¿qué pasa? ¿No tienen cuentakilómetros los automóviles...? Pues al ver "Limitación durante X Km", miras cuánto marca, sumas X, y ya sabes dónde acaba el tramo; ¿o tienen que dárnoslo todo hecho?

Luego, en el kilómetro 220 empieza otra limitación a "100 Km/h durante 5 kilómetros" que ni la ultra prudencia justificaría en un 20% de su ámbito. ¿Por qué limitarán todo el tramo, en vez de sólo puntos concretos?, me pregunto. Y como aún no se me ha pasado por completo el efecto de la tila que tomé antes de salir, me respondo: Ah, claro, para que no malgastemos combustible y castiguemos los frenos con sucesivos e innecesarios cambios de ritmo. Vamos, que es por nuestro bien, como siempre.

Y a partir de ahí..., ¡a partir de ahí son tantas cosas, que me veo obligado a abreviar! Ora, un cartelito cunetero artesanal (me niego a llamar señalización a eso) indica "Tramo en mal estado 15 Km", cuando debiera poner "Carril derecho no apto para circular... y por el izquierdo con cuidado"; ora, Despeñaperros, cuyo pavimento no destaca precisamente por bueno y cuyas limitaciones de velocidad, de puro lentas, rozan lo peligroso; ora, señales de obras dejadas ahí aunque ya no hay obra que las justifique; ora, tranquilizadores carteles avisadores de "zona inundable"...

Así, suma y sigue, a la altura de Bailén se toma el desvío a Jaén —localidad que se alcanza sin mayores incidencias— y desde allí a Granada..., no sé si aún existe, pero en tiempos había una asociación de víctimas de esa carretera, y desde luego, hoy apenas hay menos motivos para que exista que cuando se fundó.

Allí se entiende que cada vez más gente compre todoterrenos para circular exclusivamente por la red asfaltada. Pero el que avisa no es traidor: señalizaciones con fondo amarillo —¡gnoro si porque se previeron provisionales o porque ya amarillean de puro viejas— advirtiendo de "Firme deformado en 15 Km", "Firme deformado en 10 Km" (a continuación del anterior), "Badenes" (donde la suspensión hace tope y los camiones dejan huella de sus saltos), etc, para mí son ejemplos de señalización perfecta: están plenamente justificadas, y junto con sus limitaciones de velocidad, son lo más que puede hacerse por nuestra seguridad..., salvo que se subsanasen las deficiencias, cosa que aunque quizá nadie haya caído en la cuenta, tampoco perjudicaría a nuestra seguridad.

En fin, ¡para qué seguir! A esas alturas ya he pecado tanto con el pensamiento, que ni la penitencia de hacer ese trayecto me hace merecer la absolución. Ah, y el recorrido inverso no tiene nada malo que envidiar.

¿Y qué le ocurre a mi mente durante el viaje? Pues que piensa cosas como que para permitirse aconsejar, llamar a la prudencia y hacer agresivas campañas que poco menos nos tildan de suicidas (cosa que quizá seamos en mayor o menor medida por el mero hecho de conformarnos con lo que hay y seguir circulando), teniendo tantas deficiencias la ruta que une el centro y noroeste peninsular con la Costa del Sol y Sierra Nevada (total, casi nada, sobre todo en fines de semana y periodos vacacionales), y siendo esas deficiencias —y otras mucho más graves— habituales en la generalidad de nuestra red vial, debe hacer falta tener muy poca vergüenza, o dicho de modo más coloquial, tener una jeta... ¡De Gran Tamaño!

Y no me vale lo de que "ese tramo no es competencia nuestra, sino de...", mediante el que las Administraciones se pasan la patata tibia (no la llamo caliente porque está claro que no les quema). A mí, como administrado afectado, lo que me importa es que hay deficiencias peligrosas, que de esas deficiencias hay responsables con nombres y apellidos, que esos responsables tienen sueldos y prebendas oficiales e incluso títulos honoríficos, que a esos responsables rara vez se les exigen responsabilidades, y que, por menos de nada, las mamás que los parieron estarán tan ufanas. Y así nos va, claro, y así pasa lo que pasa cada día en nuestras carreteras.

8/8/07

DGT = ¿DIRECCIÓN GENERAL DE QUÉ...?

A veces dudo si DGT será el acrónimo de Dirección General de Teatro o de Dirección General de Tremendismo.

Concretamente, lo dudo cuando al Organismo de marras le da por montar escenas simulando accidentes, o agresivos melodramas protagonizados por actores profesionales o por amateurs accidentados, como hizo en junio al enriquecer su campaña de control de alcoholemia con charlas de lesionados medulares (un ideón que en el futuro revisaré buscando el máximo aprovechamiento de su potencial).

Pero no, enseguida colijo que eso no puede ser, así que me pregunto qué debería hacer una Dirección General de Tráfico para merecer —a mi juicio— tal denominación, y la respuesta es: Dedicar sus medios y esfuerzos a procurar seguridad y fluidez, es decir, a mejorar el tráfico. ¡Nada menos!

  1. Intentar —y en demasiados casos, lograr— convencer de que restringiendo cada vez más, cebándose con la velocidad y poniendo radares, culpándonos de los accidentes, y diciendo que no pueden conducir por nosotros, ya están hechos sus deberes.
  2. Divulgar las cifras de muertos, heridos graves y accidentes con víctimas, de findes y periodos señalados —cual si a diario no pasase nada o las víctimas fueran menos importantes—, sin resaltar debidamente que el número de accidentes es más significativo que el de víctimas (una sola colisión entre dos buses bien aprovechados puede causar más víctimas que cincuenta colisiones entre turismos con un solo ocupante) y que contar sólo los accidentes con víctimas puede crear una falsa sensación de siniestralidad relativamente baja (¡ojalá sólo hubiese cien accidentes o menos cuando se realizan varios millones de desplazamientos!). Puestos a informar, mejor sería consultar a las aseguradoras cuántos siniestros se producen realmente, porque muchas veces es mera cuestión de suerte que un accidente sea incruento o lesivo.
  3. Decirnos que debemos conducir bien para no perder puntos, como si conducir bien no fuese cuestión de sentido común, amén de una obligación conocida y conveniente para el interés propio y ajeno.
  4. Permitir —cuando no fomentar— que se considere grave y preocupante que al año de implantarse el carné por puntos, muchos conductores no sepan cuántos se pierden por tal o cual infracción, en vez de proclamar que lo realmente grave y preocupante es que pierden puntos muchos conductores. Pues bien: yo, por ejemplo, conduzco bastante, no he memorizado el baremo sancionador ni tengo intención de hacerlo, no uso detector ni avisador de radares, y de momento tengo todos mis puntos. A buen entendedor...
  5. Auspiciar la creencia de que velocidad es sinónimo de peligrosidad, y lentitud —aunque se deba a torpeza— lo es de prudencia, haciendo poco o nada por erradicar estas dos populares expresiones: "Conduce muy bien, pero va como un loco" y "Conduce muy mal, pero al menos va despacio".
  6. Recurrir a algunos medios de comunicación -un método cuyo alcance y eficacia distan de estar asegurados- para dar a conocer reformas y novedades normativas, en vez de emplear una barata y eficaz notificación postal a cada titular de carné de conducir (algún día explicaré por qué creo que actúa así).
  7. Dedicar recursos a recordarnos cosas cuyo obligado conocimiento ya acreditamos quienes tenemos carné de conducir, al superar el examen pertinente. ¿O es que ese examen no garantiza eficazmente la aptitud y preparación de quien lo aprueba...?
  8. Hacer infinitas campañas cuyo invariable mensaje básico es "A ver si esta vez logramos que no te mates", pese a que en el fondo son superfluas, pues nadie normal —ni siquiera los más pirados— conduce con intención de matarse (en un momento dado podremos evaluar mal una situación o nuestro estado, pero no nos accidentamos adrede; y en cuanto a los pocos auténticos insensatos que hay, siempre existirán y es inútil dirigirse a ellos). Mejor que perder tiempo y dinero diciendo "no te mates", sería procurar evitarnos situaciones de riesgo a quienes no deseamos fallecer (por ejemplo, echando una ojeada a las infraestructuras o evitando que lleguen a circular quienes son un peligro, en vez de limitarse a retirar de la circulación sólo a algunos que nunca debieron obtener permiso para hacerlo).
  9. Hacer agresivas campañas que nos niegan la presunción de inocencia, pero sin atreverse a meter el dedo en la llaga hasta el punto de lanzar una que diga: "Si quieres matarte, allá tú, pero no mates a otros".
  10. Plantear con toda naturalidad que como los conductores nos accidentamos por irresponsabilidad, no hay más remedio que reprimirnos indiscriminadamente y castigarnos con severidad cada vez mayor, siguiendo —al menos, yo así lo percibo— un perverso razonamiento muy similar al de muchos maltratadores: "¿Ves lo que has hecho...? ¡Mira lo que me obligas a hacer!"
  11. No mencionar siquiera que por más que se empeñen y nosotros nos esmeremos, siempre habrá accidentes imprevisibles e involuntarios, es decir, inevitables.
  12. No citar ni como posibles causas de accidentes las innumerables deficiencias viales.
  13. No dedicar —¡ni remotamente!— la atención que por su importancia y descontrol requieren peatones, ciclistas y conductores de vehículos atípicos con o sin motor (monopatines, patinetes, tandems paralelos, etc.), como si no formasen parte del tráfico (aunque habitualmente lo parece, no quiero ni pensar que la DGT sólo considere tráfico la circulación de automóviles...)
  14. No hacer lo posible y lo imposible para que todos tengamos desde la infancia, la educación precisa para saber circular por la vida, tanto a pie como sobre ruedas (¿será por lo caro y difícil que es educar a priori, y lo fácil y rentable que resulta reprimir y castigar a posteriori...?).
  15. No asumir jamás responsabilidad alguna.

Por supuesto, al pensar esas cosas me parece trágico lo poco que cada una de ellas contribuye a mejorar el tráfico.

Pero es que, además, una minucia me ha mostrado con lamentable nitidez la magnitud de la tragedia: Recientemente colaboré con la revista AUTOFACIL (en la que tengo un blog practicamente igual a éste en sus contenidos y cuya dirección es
http://www.autofacil.com/-"El blog de Andrés") seleccionando las dudas más recurrentes e interesantes de los lectores, y confeccionando un cuestionario para hacérselas llegar a la DGT con ruego de que las esclareciese por escrito o, mejor aún, personalmente a un redactor. El cuestionario constaba de cuatro temas (circulación en plazas, stop y ceda el paso, guardias dormidos y similares, y limitaciones de velocidad en puntos y tramos concretos) y preguntaba sobre normas de elección, implantación, dimensionamiento, señalización, circulación, etc. La respuesta de la DGT fue el correo electrónico que a continuación trascribo literalmente... y que renuncio a comentar:

Creemos que estas preguntas deben dirigirse a los titulares de las vias. Para la red principal Ministerio de Fomento, para las secundarias las comunidades AUTONOMAS. Estas administraciones son las competentes en todo lo relacionado con las carreteras
GABINETE DE PRENSA
DIRECCIÓN GENERAL DE TRÁFICO


Pues bien: Por todo lo anteriormente expuesto e incluso por otras razones que quizá exponga algún día, propongo considerar que DGT no es el acrónimo de Dirección General de Tráfico, sino de Dirección General de Trágico. Al menos, para entendernos entre nosotros, ¿vale...?

6/8/07

TRAS LA SEMANA SANTA...

Visto lo ocurrido en Semana Santa y lo que está ocurriendo este verano, ¿qué podría hacer la DGT? He aquí tres sugerencias.

Tras la campaña de Semana Santa, cuya eficacia no voy a tener el mal gusto de valorar, me planteé si contribuiría a evitar males mayores exponiendo cuanto antes tres cosas que podría hacer la DGT; pero al ver que mantenía la misma línea de campañeo, me tranquilicé, pues su contumacia demostraba que no urgía hacerlo. En todo caso, como temo que —por desgracia— serán aplicables en futuras ocasiones, ahí van mis propuestas:

  1. Reflexionar con la lucidez habitual y, por supuesto, no asumir ninguna responsabilidad. Como mucho, un difuso "Quizá ha fallado algo" o incluso un valentísimo "Quizá pudimos hacerlo mejor", complementado con un "Tal vez unos mensajes más crudos hubiesen tenido mayor eficacia". Y como remate, a modo de conclusión final, un rotundo "Conductor: mientras no te conciencies de que la carretera es para viajar, no para matarse, nuestros esfuerzos serán inútiles. Al fin y al cabo, no podemos conducir por ti".
  2. Ni considerar siquiera la posibilidad de movimientos de cargos, ceses o dimisiones. Ojo, no vayamos a fastidiar, que yo siempre tengo muy presente una gran verdad que oí hace muchos años: "Lo mejor que se puede hacer con algunos individuos, como por ejemplo los delincuentes, es tenerlos privados de libertad o al menos localizados y lo más controlados posible". Al fin y al cabo, al actual D. G. y a su equipo ya vamos conociéndolos y comprobando lo que dan de sí. Además, el historial del cargo evidencia que los Directores Generales de Tráfico siempre resultan manifiestamente mejorables. ¿Cómo se entiende si no que en cuanto cambia el Gobierno, una de las primeras cosas que hace es sustituirlos? ¿Acaso los Gobiernos no toman sus decisiones pensando únicamente en el bien de los gobernados...? Por eso eligen técnicos expertos y cualificadísimos, en vez de alguien cuyo mayor mérito sea circular hábilmente por las intrincadas corrientes del tráfico político. Y si los cambian es, sin duda, porque consideran que el saliente ya tocó techo y que el entrante va a superarlo ampliamente. Eso sí, la causa oficial de su sustitución casi nunca llega al extremo de considerar fracasados a los cesantes; antes bien, suelen loarse sus muchos méritos y por eso, en vez de condenarlos al ostracismo, se les busca algún reciclaje donde la sociedad pueda seguir aprovechándose de ellos. Así pues, ¿para qué arriesgarse a hacer cambios, con lo peligrosos que son los riesgos en el tráfico?
  3. Perseverar en la línea habitual de actuación, sin desmayar ni desviarse. Así, por lo menos nos ahorraremos desagradables sorpresas, no sea que un día se pongan a pensar y se les ocurra algo nuevo, ¡que eso podría ser lo que nos faltaba! Nada, nada, a seguir así: la DGT, con la firme convicción de que los únicos culpables de que haya accidentes son los conductores (al fin y al cabo, si en todos los accidentes automovilísticos hay implicado algún conductor, no cabe otra posibilidad, ¿verdad...?); y los demás mortales, asumiendo cada vez más que no deberíamos suicidarnos, y manteniendo viva la esperanza de que algún día —¡al fin!— puedan conducir por nosotros, pues ese día ya no habrá más muertes en carretera. Y mientras, cada vez más seguros y protegidos por los cada vez más numerosos radares, cuya acertada colocación podremos conocer y celebrar gracias a los cada vez más extendidos avisadores legales. ¡Y viva la pepa!

4/8/07

ACERCA DEL CARNÉ POR PUNTOS

Más de un año implantado permite juzgar su eficacia, pero su normativa, ¿es la mejor posible...?

En cuanto conocí su existencia (bastante antes de que entrase en vigor), leí la página informativa oficial www.permisoporpuntos.es y plasmé mis primeras reflexiones en un texto que dejé inédito. Actualmente, dicha página ha cambiado de formato (es más mona e incluye una explicadora), pero su contenido es el mismo y el carné-panacea es realidad conocida, así que tras releer aquel texto, decido divulgarlo pese a su extensión (obligada por contener un análisis epígrafe a epígrafe, más varias sugerencias y tres consejos, lo que permite leerlo total o parcialmente), porque no ha perdido vigencia y quizá pueda ser útil. Era el siguiente:

REPASO COMENTADO A LA PÁGINA DE LA DGT
www.permisoporpuntos.es

Antes de nada, quiero dejar claro que los siguientes comentarios no hacen menos conveniente la lectura de la página
www.permisoporpuntos.es. La DGT aconseja hacerlo para informarse debidamente sobre el permiso de conducir por puntos, y si la DGT lo dice...

Hecha esa puntualización, empiezo: El preámbulo formado por la pregunta "¿por qué nos interesa?" y sus tres respuestas, era una estupenda ocasión para empezar bien... o respondiendo memeces, y me parece que se ha optado por lo segundo. Veamos:

  • "Porque seremos más conscientes de los riesgos”. Claro: por miedo a que nos quiten puntos, vamos a reparar en riesgos que ahora nos pasan desapercibidos. ¡Si es que somos unos inconscientes...; si no sé ni cómo hemos podido obtener el permiso! ¡Qué seria de nosotros sin los desvelos de la DGT!
  • “Porque habrá más seguridad”. ¿Ah, si...? ¡Qué bien! ¿Y de qué tipo: activa o pasiva? ¿La implantación del permiso por puntos conllevará, por ejemplo, mejora de infraestructuras, o simplemente se sugiere —una vez más— que los culpables de la inseguridad somos los conductores?
  • “Porque todos vamos a conducir mejor”. Atentos: todos, eh; sin excepciones: los malos conductores mejorarán, los normalitos se esmerarán, y los buenos... ¡los buenos serán la caraba! ¿Y por qué vamos a conducir mejor? Pues ya lo explica el primer punto: "porque seremos más conscientes". ¡Si la cosa es así de simple!

Resumiendo: un inútil exordio en el que al menos se podía haber intercambiado el orden de los dos últimos puntos para que el tercero (que ahora es segundo) fuera consecuencia lógica de los otros: "como seremos más conscientes de los riesgos y todos vamos a conducir mejor, habrá más seguridad". Así, aparte de que el silogismo sería incuestionable —si lo fueran sus premisas, claro—, se reforzaría ese tonillo condescendiente y manipulador que rezuma (por cierto, ¿quién ha dado permiso a la DGT para tutearnos...? Desde luego, yo no, y preferiría que apease esa confianza).

Y ahora paso a lo realmente importante: relacionar y analizar cuántos puntos se pierden y por qué. Para ello transcribo en negrita párrafos de la página www.permisoporpuntos.es (pido disculpas por las incorrecciones ortográficas que contienen, pero he creído que ser fiel al texto original era más importante que subsanarlas), añadiendo comentarios a los apartados que me los sugieren.

2 PUNTOS MENOS

  • Si superas el límite de velocidad entre 21 y 30 km/h. Superar determinados límites de velocidad puede ser muy grave y peligroso, pero no siempre lo es, así que, para empezar, creo que se debería distinguir entre límites genéricos y puntuales. Una vez hecha esa diferenciación, escalonar los márgenes de superación ya es mera cuestión de criterios y, como tal, discutible, pero no aquí ni ahora. Además, tanto como se insiste en que los aparcamientos y las compañías telefónicas no cobren por bloques de tiempo, tampoco se debería sancionar igual por 21 que por 30 Km/h, ya que alguien puede pensar: “total, si me cuesta lo mismo, aprovecho el margen de 9 Km/h”. Sería más justo tarifar a tanto el Km/h. (Valgan estos comentarios para todos los apartados referentes a superación de límites de velocidad).
  • Si paras o estacionas en zonas de riesgo, para la circulación, para los peatones, o en los carriles destinados al transporte público urbano. Aunque la DGT no lo sepa o prefiera aparentar ignorancia, el tránsito de peatones también es circulación, luego sería más correcto escribir “en zonas de riesgo para peatones y vehículos...” y debería definirse claramente qué son “zonas de riesgo”.
  • Si usas cualquier sistema de detección de radares para eludir la vigilancia de los agentes de tráfico. ¡Sí señor, eso es hablar claro: Lo grave no es usar esos sistemas para rebasar los límites hasta extremos peligrosos, sino hacerlo para burlar la vigilancia! ¿Se podía ser más explícito...? Ahora, con una lógica más de quienes damos de comer a la DGT en vez de comer de ella, veamos: ¿Qué inseguridad provoca usar sistemas de detección de radares? Según la DGT, los radares están ahí "por nuestra seguridad", pero su eficacia al respecto es discutible porque si están ocultos, intentar descubrirlos distrae y su descubrimiento motiva frenazos y posibles alcances. Y no me vale el argumento de que si circulásemos como es debido no pasaría eso, porque las causas de los accidentes nunca son hipotéticas, sino reales, y realidad es que los radares ocultos producen, entre otros, esos efectos. Además, si todos circulásemos como es debido... ¡no harían falta radares! Y en cuanto a los radares visibles y anunciados, su eficacia represora de excesos es meramente puntual (puedes ir deprisa, reducir la marcha al llegar a ellos, y luego seguir como antes), es decir, la misma que la de los detectores (vas como crees más adecuado, cortas cuando te avisan, y luego sigues a tu aire) o incluso menor, pues a veces los detectores mosquean sin que haya radar. Por último, los detectores no anulan la eficacia de los llamados “radares en línea” (esos que calculan la velocidad media en un tramo). Así pues, ¿qué justifica tal animadversión a los detectores? ¿Se trata de aumentar la seguridad... o de preservar la recaudación?
  • Si no llevas el alumbrado cuando es obligatorio o haces mal uso de él. Vendría bien concretar qué tipo de "mal uso", porque hay muchas maneras de usar mal el alumbrado: desde inocuas para la seguridad, hasta gravemente peligrosas, pasando por simplemente molestas; y no es justo ni razonable juzgar todos los casos con igual severidad.
  • Si llevas a un menor de 12 años como pasajero de tu motocicleta o ciclomotor, con las excepciones que se determinen reglamentariamente. Lo de la edad límite también es una cuestión discutible, pero no aquí ni ahora.

3 PUNTOS MENOS

  • Si sobrepasas el límite de velocidad entre 31 y 40 km/h. Lo dicho.
  • Si haces un cambio de sentido incumpliendo las normas.
  • Si no mantienes la distancia de seguridad. Me parece muy bien porque como indica su denominación, esa distancia es fundamental para la seguridad, pero mientras sigan proliferando lixtos convencidos de que la distancia de seguridad es el espacio que los gilipollas dejamos entre coches para que ellos avancen cambiando de carril, ¿cómo hacemos para mantenerla? ¿Restaurándola —es decir, aflojando nuestra marcha— cada vez que se nos meta alguno...? Pues ciertos desplazamientos podrían eternizarse y menudo favor haríamos a la fluidez. Considero imprescindible complementar esta tipificación sancionadora con otra antilixtos que quite no tres, sino seis puntos a quien infrinja doblemente encajándose entre dos sin guardar distancia de seguridad con el de delante y dejando sin distancia de seguridad al de atrás. Por cierto, ¿la DGT no habrá pensado en ello o no lo habrá considerado importante...?
  • Si usas manualmente el teléfono móvil, auriculares o cualquier otro aparato que no te permita estar atento mientras conduces. No tengo la menor duda de que si por encima de cualquier otra consideración se buscara evitar situaciones de riesgo, este punto estaría redactado así: Si mientras conduces realizas cualquier actividad que distraiga tu atención o merme tu capacidad de maniobra. Y para ilustrar lo que quiero decir, en vez del manido ejemplo del teléfono móvil (ese de que mantener una conversación puede y suele distraer tanto o más que manejarlo), voy a poner otro más simple: a mí no me distrae cambiar de emisora de radio, y si llevo mandos al volante, tampoco merma mi capacidad de reacción; lo que me distrae y merma mi capacidad de reacción es buscar una emisora determinada, porque lo primero no requiere mi atención y lo segundo sí. ¿Entendido...? Pues ojo a los navegadores, sistemas multimedia e incluso conversaciones demasiado trascendentes o excitantes con compañeros de viaje, porque aunque son cosas difíciles de percibir desde fuera (y por lo tanto, difíciles de denunciar), tienen gran incidencia en la seguridad propia y ajena.
  • Si no te pones el cinturón, el casco y demás dispositivos de seguridad obligatorios. Se debería añadir o si lo haces de forma incorrecta, porque, por ejemplo, la estupidez de llevar el casco suelto está mucho más extendida que vigilada y denunciada. De todas formas, esto, para mí, es una cacicada de la DGT, que se obstina en no diferenciar entre lo que afecta exclusivamente a la seguridad propia, lo que también afecta a la seguridad de otros, y lo que afecta a la seguridad general.

4 PUNTOS MENOS

  • Si conduces a una velocidad superior al límite establecido en más de 40km/h, siempre que no suponga, además, un exceso del 50%. Lo dicho.
  • Si conduces con una tasa de alcohol superior a 0,25 mg/l y hasta 0,50 mg/l en aire espirado (profesionales y conductores noveles más de 0,15 y hasta 0,30 mg/l.). Estoy de acuerdo en que se penalice conducir con tasas de alcohol que afecten significativamente la capacidad para hacerlo, e incluso entiendo —pese a no parecerme la mejor solución— que se establezcan baremos para graduar la gravedad de la infracción. Sin embargo, discriminar a profesionales y noveles me parece arbitrario. Si es porque los profesionales del transporte de viajeros tienen una responsabilidad añadida, habría que dejar en paz a los profesionales del transporte de mercancías, ya que ellos no la tienen; y en cuanto a los noveles, si es que se les suponen menores aptitudes, lo que convendría es revisar la eficacia selectiva del sistema de obtención del permiso, porque la veteranía es un grado, pero sólo si va acompañada de experiencia, aptitud y actitud (hay conductores veteranos muy poco expertos, conductores expertos que no por eso han dejado de conducir bastante mal, y ex buenos conductores que con el tiempo se han maleado). Además, en cuestiones tan importantes, lo que se considera malo para unos, debiera considerarse, como mínimo, potencialmente malo para todos.
  • Si circulas por una autopista o autovía con un vehículo con el que esté expresamente prohibido circular por ellas.
  • Si conduces un vehículo sin llevar el permiso o la licencia adecuada. Sinceramente: dando por descontado que se está en posesión del permiso o la licencia pertinente (lo contrario sería tanto como decir que la DGT no sabe ni escribir), ¿tan peligroso es olvidarse de llevarla...? ¡Venga, hombre, un poco de seriedad! No digo que no se sancione el olvido, pero malgastar cañonazos matando mosquitos...
  • Si arrojas a la vía o alrededores cualquier objeto que pueda producir incendios o accidentes. Eso, además de costar puntos, debiera conllevar la obligación de asistir a cursos de educación cívica básica, con su correspondiente examen. Ah, y para mí sobra lo de "incendios o accidentes", ¿o es que no habría sido mejor decir, simplemente, si arrojas cualquier objeto al exterior?
  • Si conduces de forma negligente o creando riesgos para los demás. Claro, porque crear riesgos para los demás no es negligencia, sino mala leche, ¿o no?
  • Si te saltas un stop, un semáforo en rojo o no respetas la prioridad de paso. Este punto, los tres siguientes y el último de este bloque definen algunas maneras de crear riesgos para los demás, luego redundan con el anterior. No sé, no sé; aquí sobra algo, habría que reagrupar y reorganizar conceptos, o dicho más claro, hacer bien las cosas. Y me preocupa que nuestra seguridad esté en manos de quienes después de tanto tiempo preparando este texto, presentan resultados tan mejorables.
  • Si adelantas poniendo peligro o entorpeciendo a quienes circulan en sentido contrario o en lugares o circunstancias de visibilidad reducida. Supongo que han querido decir “poniendo en peligro”.
  • Si adelantas poniendo en peligro o entorpeciendo a ciclistas. ¡Coño, mira qué considerada es la DGT con los ciclistas! ¿Y si pones en peligro o entorpeces a automovilistas, peatones o minusválidos que se desplacen sobre ruedas...? Esos que se defiendan como puedan, ¿no? Más valdría reglamentar racionalmente la circulación de bicicletas y vigilar eficazmente sus infracciones, que falta hace.
  • Si realizas maniobras de marcha atrás en autopistas o autovías.
  • Si no respetas las señales de los agentes que regulan la circulación.
  • Si conduces con un exceso del 50% o más en el número de plazas autorizadas, excluido el conductor, salvo que se trate de autobuses urbanos o interurbanos. ¡Cuidadín, cuidadín! Prefiero creer que una garrafal redacción de este punto me impide entenderlo correctamente, y que lo que se ha querido decir es que en los autobuses no se permite —¡ni mucho menos!— semejante exceso, porque si me pongo en lo peor, puedo entender que a los autobuses se les permite llevar pasajeros hasta colgando, pues no se indica cuál es su límite. En todo caso, tolerar un exceso del 50% me parece una permisividad disparatada, sea cual sea el tipo de vehículo.
  • Si aumentas la velocidad o efectúas maniobras que impidan o dificulten el adelantamiento.
6 PUNTOS MENOS
  • Si conduces superando en más del 50% el límite de velocidad máxima autorizada, siempre que ello suponga superar, al menos, en 30km/h dicho límite. Una vez más, lo dicho.
  • Si conduces con una tasa de alcohol superior a 0,50 mg/l en aire espirado (profesionales y conductores noveles más de 0,30 mg/l.). Reitero lo comentado en el punto semejante del bloque anterior.
  • Si conduces bajo los efectos de estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes y otras sustancias de efectos análogos.
  • Si te niegas a pasar a las pruebas de alcoholemia, estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes y otras sustancias de efectos análogos. Me cabe la duda de si no habrán querido decir "pasar las pruebas", y —¡ojo!— no es lo mismo pasar una prueba que pasar a una prueba.
  • Si conduces de forma temeraria, circulas en sentido contrario o participas en competiciones o en carreras de vehículos no autorizadas. Nuevamente cabe exigir corrección. ¿Circular en sentido contrario no es conducción temeraria...? ¿Las carreras no son competiciones...? Entonces, ¿por qué hacer menciones innecesarias? Apañados vamos: pretenden que conduzcamos mejor y ni siquiera saben expresar correctamente por escrito cómo pretenden que lo hagamos.
  • Si eres conductor profesional y excedes en más del 50% los tiempos de conducción o minoras en más del 50% los de descanso.

Por último —y sin entrar a analizar en profundidad cuán acertado y justo me parece el baremo penalizador—, me pregunto por qué no se contemplan infracciones penadas con 1, 5 y más de 6 puntos.

Y hasta aquí, los comentarios directos, pero la página web me inspira, además, sensaciones derivadas, como por ejemplo, preocupación porque un proyecto tan largamente elaborado e inspirado en normativas de otros países, sólo tipifique 29 infracciones, mientras que a mí, al pronto y sin ayuda de equipo de expertos (si me parara a pensar... no sé qué extensión tendría la lista), se me han ocurrido otras 22 tan habituales y nocivas como las que a continuación relaciono. Ignoro si habrá sido descuido, desconocimiento o que la DGT sólo considera realmente importantes esas 29, pero sea por lo que sea, insisto: me deja preocupado.

  1. Leer y escribir conduciendo (quienes frecuentan caravanas de entrada y salida a grandes ciudades saben que no es infrecuente ver usar el volante como atril para periódicos, documentos, pasatiempos...).
  2. Reducir la marcha y distraerse observando las consecuencias de un accidente al que ya han llegado las asistencias.
  3. Circular por el arcén para obtener ventaja respecto a quienes lo hacen correctamente.
  4. En vías de varios carriles en el mismo sentido, invadir un carril más rápido para adelantar o para facilitar la incorporación por la derecha a quien entra con obligación de ceder el paso, obstaculizando a los que vienen por él (eso puede provocar peligrosísimas retenciones en cadena, y el colmo es que el causante casi siempre se va de rositas).
  5. En vías de varios carriles en el mismo sentido, frenar —¡y parar, no digamos!— en uno de ellos para cambiarse a otro situado más a la derecha, cuando su nivel de ocupación lo dificulta o impide.
  6. Considerar agravante que quien incurra en el caso anterior lo haga porque teniendo intención de tomar una salida y viendo que el carril adecuado para hacerlo está detenido, adelanta por otro y trata de encajarse por las bravas en el último momento.
  7. En vías de varios carriles en el mismo sentido, no circular por el de más a la derecha posible... sin causa que lo justifique (dado el estado de nuestra red vial, habría que tenerlo en cuenta como posible causa justificada).
  8. No aprovechar debidamente los carriles de aceleración.
  9. Habiendo carril de deceleración, frenar antes de entrar en él.
  10. En cualquier circunstancia, circular provocando retenciones y restando fluidez.
  11. Habiendo tráfico intenso, circular anormalmente despacio o deprisa respecto al ritmo general.
  12. Provocar accidentes o situaciones de riesgo por cortesía mal entendida (ejemplo: teniendo prioridad, ceder el paso a peatones o vehículos no visibles para quienes circulan por los carriles contiguos).
  13. Poner en peligro a otros con una conducción torpe o distraída.
  14. Omitir el uso de los intermitentes o usarlos mal.
  15. Circular sin luces de pare (no con alguna de ellas fundida).
  16. Circular sin seguro obligatorio.
  17. Circular sin poseer (no sin llevar) la preceptiva documentación personal y/o del vehículo.
  18. Circular con vehículos que aun teniendo superada y vigente la ITV, en el momento de la denuncia no la superarían por flagrante mal estado o disconformidad con la ficha técnica (ojo a los tuneados).
  19. Aparcar bloqueando vehículos correctamente estacionados.
  20. Aparcar en carriles de circulación (dobles e incluso triples filas).
  21. Aparcar en lugares prohibidos, en general, y especialmente, dificultando la visibilidad (esquinas, ante pasos de peatones, tapando señales, etc.), en espacios reservados y en vados para acceder a las aceras sin tener que salvar bordillo.
  22. Considerar agravantes de cualquier mal aparcamiento la desconsideración y la indisciplina gratuitas (por ejemplo, aparcar en línea donde debe hacerse en batería, o hacerlo en esquinas, pasos de peatones, doble fila, subido a la acera o similar, habiendo sitios correctos libres), aunque con ello no se provoquen molestias o peligros graves.
Y ya, como epílogo, las últimas reflexiones: No sé si el permiso por puntos hará que conduzcamos mejor y que haya más seguridad; quizá sí, ojalá, pero si lo logra será del peor modo posible: mediante miedo y represión, en vez de formación y prevención. En el fondo, no es sino más de lo mismo, y temo que los resultados no serán espectaculares ni para bien ni para mal. Mejor sería dejar de una vez esa especie de triunfalismo manipulador carente de base y pretendidamente cómplice y confianzudo que tan a menudo usa la DGT (un buen ejemplo es el titular “¿CÓMO FUNCIONA?”, al que responde con un “LO ÚNICO QUE CAMBIA ES QUE HAY MÁS SEGURIDAD” tan rotundo como incoherente e inexplicado) y dedicarse a educar y mentalizar desde la base. Además, no quiero ser agorero, pero si de verdad se retirarán unos 6.000 permisos al año, ¿hay ya previstas medidas para detectar conductores sin permiso? ¿Y quién cubrirá su responsabilidad en caso de que los haya e intervengan en un accidente?

En fin, ¿para qué seguir criticando y conjeturando, si todos esos asuntos, otros que irán surgiendo, y las consecuencias de esta nueva normativa, se verán dentro de poco? Ya opinaremos entonces, y mientras, tres consejos:
  1. Ni te molestes en saber cuántos puntos se pierden y por qué, ni cómo recuperar puntos o el permiso. Lo realmente importante —lo que debes procurar— es no perderlos, y no por los inconvenientes que conllevan dichas pérdidas, sino porque cumplir las normas, por muy mejorables que sean, es la principal garantía de seguridad que tenemos.
  2. Sé benévolo con la DGT aunque la DGT no lo sea contigo, y aplicando una doctrina de inspiración cristiana, perdónalos, señor... conductor, porque no siempre saben lo que hacen; que "errare humanum est" y, al menos en eso, la DGT resulta muy, muy humana.
  3. Circula bien (como conductor y como peatón), sé educado y previsor, ve siempre muy atento... y no te dejes distraer ni asustar por la DGT.