10/3/08

QUERIDO TIO ENRIQUE:

Si a alguien quiero en lo personal y debo en lo profesional, es a Enrique Hernández-Luike, notable poeta, editor decano de la prensa española del motor y padrino de tantos que algo somos en el periodismo especializado. Por eso hoy me permito responder a once preguntas que plantea en el editorial "LAS ELECCIONES GENERALES Y EL MUNDO DEL MOTOR" que publican en marzo dos de sus revistas bandera: AUTOFACIL y CAR&TECNO.

El citado editorial lleva además el subtítulo "UNA IDEA PARA EL GANADOR: DEVOLVER LOS PUNTOS DEL PERMISO DE CONDUCIR RETIRADOS HASTA EL 9 DE MARZO", sobre el que también me pronunciaré a modo de epílogo, y las preguntas —por cierto, cuánta experiencia y sabiduría hay en ellas— son estas:

  1. ¿Por qué se eternizan obstáculos y baches en las vías de circulación y pasos peatonales?
  2. ¿Por qué, a veces, debemos conformarnos con una señalización horizontal, oculta por los vehículos que nos preceden?
  3. ¿Por qué no se recorta la vegetación cuando oculta las señales?
  4. ¿Por qué no son mejores y más visibles las señales de limitación de velocidad, en lugar de colocar un radar denunciador?
  5. ¿Por qué escasean tanto las señales para salir de algunas poblaciones?
  6. ¿Por qué no se avisa con más insistencia y visibilidad de todas las peligrosas incorporaciones a otra carretera?
  7. ¿Por qué los nombres de las calles no figuran en todas las esquinas de algunas poblaciones?
  8. ¿Por qué no se marcan con claridad los números de las casas?
  9. ¿Por qué muchas señales deterioradas por incivilizados no son sustituidas inmediatamente?
  10. ¿Por qué a veces tardan demasiado las ambulancias en salvar a heridos en accidente?
  11. ¿Por qué no se utiliza siempre pintura de calidad sobre el asfalto de las carreteras?

Pues bien, he aquí mis respuestas, o más bien, mis opiniones al respecto:

  1. Porque, ¿cómo no van a eternizarse, si la ocurrencia o la solicitud de cualquier cantamañanas basta para que en vez de proveer guardias despiertos, se añadan guardias dormidos (badenes) cada vez más bestiales, peligrosos y no señalizados debidamente, como presunta solución para puntos conflictivos? (Uno de los artículos que tengo previstos para el Blog se titulará "Menos guardias dormidos y más guardias despiertos").
  2. Quizá para compensar que a veces se colocan señalizaciones verticales redundantes con las horizontales, o porque demasiado a menudo se señaliza con desidia e ineptitud. Por ejemplo, ¿en cuántos sitios se repite la señal vertical de prohibido adelantar habiendo línea continua...? Y cuando así, ¿qué significa, que está más prohibido adelantar...?
  3. Al respecto, voy a dar un ejemplo concreto: Donde vivo —y por desgracia, no es caso único— hay avenidas, algunas de varios kilómetros, con frondosas medianas y múltiples pasos de cebra cuya visibilidad para conductores y peatones es precaria incluso con la vegetación recién arreglada. Pues un día, en un programa radiofónico en el que colaboro ocasionalmente, hablé del peligro que eso representa y el resultado fue una poda general tan inmediata como severa. Pero luego, no sé si por dejadez o por ecologismo mal entendido, la espesura ha vuelto a imponerse a la seguridad… ¡y todo sigue igual!
  4. De esto podríamos estar hablando hasta el fin del mundo y no agotaríamos el tema. Lo primero sería definir e informar acerca de qué criterios se siguen para establecer las limitaciones; luego convendría discutir si debe haber limitaciones genéricas o sólo puntuales; después habría que exigir responsabilidades personales (no institucionales) por esas señalizaciones invisibles o poco visibles que con excesiva generosidad no solemos llamar por su nombre: peligrosas trampas recaudatorias. Y aún habría que hacer algunas consideraciones más.
  5. Hombre, ¡porque son poblaciones muy acogedoras y no quieren que nos vayamos! ¿O acaso vamos a sospechar que a los responsables —es un decir— del tráfico local les importa un bledo el peligro que supone tener conductores desorientados circulando en un entorno desconocido…? ¡Hasta ahí podíamos llegar! Además, mientras llega su prohibición —que llegará cuando ya lo tengamos casi todos, no lo dudes—, hay que fomentar la venta de GPS's.
  6. Pues mira, aparte de creer que lo chachi sería suprimir todas las incorporaciones peligrosas… y no hacer ninguna más (¡porque se siguen haciendo!), estoy dispuesto a comulgar con este ruedón de molino: Igual es para ayudarnos a no perder la concentración al circular por nuestra monótona —de puro segurísima— red vial.
  7. Se me ocurren varias posibles causas. Por ejemplo, que algunos constructores de edificios nuevos y propietarios de antiguos son unos descuidaíllos, o que se trata de hacer más divertida la búsqueda de una dirección, o lo que he dicho respecto a los GPS's en el punto 5… ¡o yo qué sé! Desde luego, cualquier cosa menos pensar que sea por negligencias municipales.
  8. Seguramente, por lo que acabo de argumentar. Además, es que eres un exigente, tío Enrique, porque esto, comparado con lo de los nombres de las calles, es una fruslería.
  9. Esto sí que lo tengo claro: En primer lugar, porque ya se sabe que lo peligroso es la velocidad, no las señales deterioradas; y en segundo, porque antes de acometer cualquier actuación, lo prudente sería que el oportuno observatorio formado por un comité de sabios determinase si el deterioro se debe o no a una manifestación espontánea e irreprimible de nuestra rica diversidad cultural, en cuyo caso podría incluso estudiarse declarar "bien protegido" la señal afectada.
  10. Aquí no caben bromas ni ironías. Es un hecho —prefiero creer que raro, puntual e inevitable— de consecuencias tan fatales que debiera hacerse todo lo posible para que nunca suceda, pues imagino pocas situaciones de desamparo tan horribles como la de los accidentados conscientes agonizando sin asistencia.
  11. Doy por supuesto que te refieres a pinturas de calidad adecuada, y mi opinión es que, una de dos: o es porque lo$ proveedore$ de e$a$ pintura$ de$conocen o de$deñan cierto$ $i$tema$ de adjudicación de contrata$, o es por lo mismo que sigue habiendo guardarraíles asesinos, suciedad y deficiencias asfálticas en zonas sin visibilidad, y tantas otras trampas viales especialmente trágicas para los motociclistas (no motoristas, como se suele decir, porque como bien sabes y pese a lo que lamentablemente admite la RAE, motorista deriva de motor, no de moto o motocicleta).

Por último, respecto a tu propuesta de "eliminar todas las pérdidas de puntos del permiso de conducir desde su puesta en vigor hasta el día de las elecciones", estoy en total desacuerdo. Ya sé que, como dices, "otras amnistías más importantes se han concedido", pero creo que "importantes" es un calificativo discutible.

Para mí, lo importante y adecuado sería que el ganador de las elecciones actuara siguiendo estos tres pasos:

  1. Modificando la normativa que tipifica y cuantifica las pérdidas de puntos, para hacerla más justa y completa (Te recuerdo que gran parte de mis criterios al respecto está expuesta en el primer artículo del Blog, titulado "ACERCA DEL CARNE POR PUNTOS").
  2. Revisando todas las pérdidas de puntos con esa nueva normativa, pero no como amnistía electoral, sino como medida conveniente y reparadora de aquellos casos… en los que aún llegase a tiempo (por desgracia, a quienes les llegase tarde sólo les quedaría digerir el agravio comparativo con ajo y agua).
  3. Y a partir de ahí, no ya tolerancia cero (como dicen los… ¡bah, para qué molestarme en definirlos!), sino intolerancia absoluta.

Tan convencido estoy de que eso sería lo más adecuado y correcto… como de que, precisamente por ello, no actuará así.

Y eso es todo, querido maestro. Bueno, eso… ¡y un abrazo!

18/2/08

PENSAR CON EL CULO (I): ESTRECHAR LOS CARRILES

Mi amigo Salvador Claret, recomendable persona y propietario de un museo automovilístico que aconsejo visitar siquiera virtualmente en http://www.museuautomobilsclaret.com/, me ha enviado una noticia que muestra lo que puede ocurrir cuando se deja el tráfico en manos de alguien que parece pensar con el culo.

El 27/12/07, con "IDEAS DIGNAS DE LA DGT (I): HACER LA PASCUA", abrí un apartado del Blog pensado para exponer ocurrencias que de puro disparatadas, me parecieran la pere (léase en catalán y entiéndase en castellano) y precisamente por ello, dignas de la DGT. Eso sí, lo hice con cierto miedo a que pudiese leerlas algún jumento desestabulado capaz de tomarlas en serio y plantearse ponerlas en práctica. Incluso dudé si publicarlo al día siguiente —día de los Inocentes— para dar una pista, pero finalmente, pensé: "¡Bah; cómo va a pasar eso!".

Pues bien, apenas un mes después, Salvador me ha hecho ver que casi nunca falta alguien con capacidad para superar las peores expectativas, así que he decidido ir un paso más allá e inaugurar otro apartado con la denominación genérica "PENSAR CON EL CULO", en homenaje a la hija de unos amigos, cuya rapidez y agudeza mental se traduce en ocurrencias como cuando a sus tres años nos oyó decir a los mayores que alguien pensaba con el culo, e inmediatamente dijo: "Si piensa con el culete, pensará cacas".

He ahí un razonamiento admirable, para que veas que la hija que le hace ver y corregir sus descuidos a Bono, no es la única niña lumbrera que existe; y no me refiero a Bono el de U2, sino al que antes de ser ministro —según le oí en una entrevista— no tenía otra ambición política que presidir Castilla-La Mancha porque el cargo colmaba sus aspiraciones y se debía a quienes lo habían elegido…; ese que luego abandonó la política…, pero ahora parece dispuesto a prejtigiar el Congreso dejándose acomodar en su presidencia. (Ya sé que este desahoguillo no era imprescindible, pero me apetecía soltarlo).

Bueno, pues presentada la nueva sección, ésta es la noticia tal como se publicó el 30/01/08 en http://www.lavanguardia.es/:

«Trànsit estudia estrechar los carriles de algunas vías rápidas para reducir la velocidad»

«Barcelona. (Redacción y agencias).- El Govern de la Generalitat estudia estrechar los carriles de algunas vías rápidas para combatir el exceso de velocidad y a la vez poder crear otros carriles nuevos.»

«El director del Servei Català de Trànsit, Josep Pérez Moya, ha expuesto y razonado su iniciativa en varias entrevistas radiofónicas. "Cuanto mayor es el carril, mayor es la sensación de que vas a menos velocidad de a la que podrías ir", ha explicado. Pérez Moya cree que la medida también permitiría "ganar más arcén" para circular en situaciones de emergencias o para instalar nuevos carriles bus o de Alta Ocupación (VAO). No obstante, no quiso fijar una fecha de inicio de este tipo de intervenciones en la red viaria catalana.»


¡Jooo-der! ¿Eso lo habrá discurrido él solito… o le habrá ayudado algún "Comité de sabios" —como modestamente se suele denominar ahora a los equipos asesores— del que forme parte el Dr. Dolittle, que al ser capaz de hablar con los animales, puede dialogar con los burro-taxis de Mijas (Málaga), que siendo burros y taxis, deben de dar la talla adecuada en inteligencia y conocimientos de tráfico?

Digo yo: Si por algo tan banal como su obra literaria, Lope de Vega asombró a sus contemporáneos hasta el punto de apodarle "Fénix de los ingenios" y "Monstruo de la naturaleza", ¿qué apodos merece quien bien pudiera ser un eslabón perdido… o el más aventajado alumno del genio que asó la manteca?

Además, la eficacia de sus iniciativas parece evidente, porque según amplía la noticia:

«También ha asegurado que desde que se aplica la prohibición de circular a más de 80 km/h en el área metropolitana de Barcelona, se ha registrado una mayor fluidez del tráfico.»

«En referencia a la alta siniestralidad registrada este mes de enero, ha afirmado que ha sido un "mes muy duro", en el que hasta ayer se produjeron 27 muertes en las carreteras catalanas, "el doble que en enero del año pasado".»

«Este fin de semana, en concreto, cuatro personas murieron en los tres accidentes de tráfico ocurridos en la red viaria catalana, algo que Pérez Moya ha calificado de "desastre". En toda la semana pasada fallecieron ocho personas al volante.»


¡Observemos que entiende los números y sabe evaluar cantidades! Desde luego, no descartaría yo que alguien así, suelto, llegase a agitarle el sillón al mismísimo Pere Navarro… ¡o incluso a especímenes más promovidos!

Por eso, rendidamente admirado y con la respetuosa humildad debida a los seres superiores, voy a permitirme la osadía de exponer tres ocurrencias (tengo otras, pero sólo me atrevería a molestar con ellas si se me pidiese), con el más sincero afán de contribuir al laudable empeño de que los conductores nos jiñemos y aflojemos la marcha. Son: una propuesta para aprovechar mejor la anchura de las típicas vías rápidas con doble calzada de dos carriles y arcén, una alternativa extrema, y un refinamiento aplicable a todo tipo de vías, para añadir seguridad. A continuación, los detalles.

a) Redistribución de la anchura de calzada disponible:

  • A la izquierda, dado el preocupante incremento de accidentes de motos, se les habilitaría un carrilín exclusivo de un metro, limitado por el guardarraíl… sin desaprovechar ni un centímetro. ¡Verás tú si disminuían las alegrías velocísticas!
  • A continuación, dos carriles para vehículos de cuatro o más ruedas, de 2,50 y 2,75 metros. Esa desigualdad no es por capricho, sino porque como el izquierdo es para adelantar, lo usarían principalmente vehículos ligeros (pequeños) que tenderían a ir deprisa, luego para que tuviesen noción de su velocidad, bien justito. Además, los conductores de vehículos pesados preferirían mantenerse en el confortable carril anchote (el de 2,75), en vez de andar adelantándose, y por menos de nada, eso también originaba mayor fluidez (si don JPM dice que reducir la velocidad la origina, ¿por qué esto iba a ser menos…?).
  • Seguidamente, otro carrilín de 0,75, para bicicletas (¡hay que ser ecologista!) y ciclomotores, que así tendrían espacio propio en las vías rápidas. Ah, y si los estorbomóviles (esas cosas que parecen coches, pero se consideran ciclomotores) no caben en él, ¡que se jodan!
  • Luego, un arcén bien amplio, que en caso de retenciones o altísimas densidades de tráfico, podrían usar sólo vehículos tan, tan verdes como, por ejemplo, esos 4X4 híbridos que superan las 2,5 toneladas y los 250 CV, con una huella en torno a 5 x 2 metros.
  • Por último —esto requeriría un exhaustivo preestudio del adecuado comité de sabios—, quizá conviniese instalar algún tipo de separador físico de carriles, no tan infranqueable como los más bestiales sistemas aplicados a los solo-bus, pero que se notase, para evitar serpenteos innecesarios.

b) Alternativa extrema:

  • Si todo lo anterior no fuese suficiente mejora, aprovechar el arcén extra ancho resultante para instalar tranvías, trenes de cercanías… o incluso el AVE, que gracias a esa sinergia infraestructural, vería muy abaratado su coste, podría llegar incluso a más pueblos y aldeas que los prometidos en campaña electoral, y en el caso concreto de Barcelona, no tendría por qué convertirse en "El vibrador de la Sagrada Familia". ¡Ah, y para que ni los antedichos 4X4 se atreviesen a invadir ese espacio, con los raíles sin enrasar… y circulando en sentido contrario! (como se ve, he procurado no descuidar ni el menor detalle).

c) Refinamiento pro seguridad:

  • Cubrir la capa de rodadura con gravilla suelta, para animarnos a mantener una buena distancia de seguridad (¡casi nada lo que anima un parabrisas roto!).

¿A que con todo eso se corregiría muchísimo el peligroso e irracional derroche de anchura actual? Pues hasta aquí mi atrevimiento. Eso sí, reitero que tengo otras ocurrencias de similar fuste, que estaría dispuesto a ofrecer en aras del bien común, pero sólo si se me pidiese… ¡y se me pagasen con tarifa política, no técnica!

12/2/08

POR NUESTRA SEGURIDAD (II): RECICLAR CONDUCTORES

Ahora que reciclar está tan de moda, echo en falta algo fundamental para la seguridad: reciclar conductores, pero no para repescar sancionados ni como un sacacuartos más, sino para mantenernos a todos actualizados.

Tras leer "¿EL PORQUÉ DE LAS CAMPAÑITAS...?" (publicado el 06/02/08), varios amigos me han preguntado por qué mezclo en mis textos tráfico y política. La respuesta es simple: ¿Quién copa los más altos cargos rectores de nuestro Tráfico, técnicos elegidos por su aptitud y méritos, o políticos digitopartidistamente designados, a los que incluso —como en el caso del ministro competido— el Tráfico les viene dentro de su cartera? ¡Pues por eso!

Además, me ha dado la impresión de que no dejé bastante claro el mensaje del susodicho artículo, así que aprovecho para hacerlo en éste.

El mensaje era que desechando sistemas tan baratos y directos como el correo, diversas instituciones públicas, so capa de informar o concienciar, hacen campañas mediáticas (en ciertos medios de comunicación, no en todos) sobre cuyos posibles fines inconfesados tengo las graves sospechas que expuse. Concretamente, el Gobierno de España lo hace a través de la DGT, con el tráfico —y sobre todo, los accidentes— como tema.

Ahora voy a poner un ejemplo que demostrará si tengo o no razón. Para empezar, cinco preguntas:

  1. Seguramente habrás visto, oído y leído muchas de esas campañas, pero podría darse el caso de que no todas, e incluso de que alguien no haya conocido ni una, ¿verdad…?
  2. Desde que tienes carné de conducir, ¿cuántas novedades y modificaciones normativas se han producido…?
  3. ¿Estás seguro de saberlas todas…?
  4. ¿Cuántas veces has recibido información directa al respecto?
  5. Si quisieras repasar lo fundamental para mantener al día tus conocimientos teóricos, ¿sabrías cómo hacerlo de forma fácil, rápida y gratuita?

Por favor, comprueba si alguna de tus respuestas ha coincidido con estas, que si no me equivoco, serían las honestamente mayoritarias:

  1. Sí, claro.
  2. Varias (dependiendo su número de la antigüedad del carné).
  3. Pues seguro, seguro…, no.
  4. Nunca (o "muy rara vez", los más veteranos).
  5. No.

Si estoy en lo cierto, ¿no seria mejor para la seguridad de todos —no sólo de los conductores— que el GdE y la DGT, en vez de gastar dinero en campañas que pueden llegar o no a sus destinatarios y cuya eficacia es más que dudosa, nos enviasen folletos informativos por correo cada vez que hubiese alguna novedad?

Eso sí sería cien por cien informativo, amén de barato y potencialmente muy eficaz, ya que como todos los poseedores de permiso de conducción estamos registrados, nos llegaría directamente a casa. Por supuesto, luego podríamos leerlo o tirarlo a la basura, pero es que a las campañas también podemos prestarles atención… o no hacerles ni puto caso.

Y puestos a bordar la idea, ¿por qué no enviar un folleto a cada domicilio, si como algún día expondré, conocer las normas de circulación nos compete e interesa a conductores y peatones, porque cada cual en nuestro papel, todos circulamos…?

Pues, hala, ahí queda esta segunda propuesta del apartado del blog denominado "POR NUESTRA SEGURIDAD", que inicié el 12/08/07 con el artículo "FUERA SEÑALIZACIONES ESCRITAS". ¡A ver si sirve de algo!

6/2/08

¿EL PORQUÉ DE LAS CAMPAÑITAS...?

En "DGT = ¿DIRECCIÓN GENERAL DE QUÉ…?" y en "¡ENHORABUENA, DGT, Y GRACIAS!" (publicados el 08/08/07 y el 07/01/08), prometí explicar qué pienso de las campañitas degetianas y por qué creo que se hacen. Pues bien, voy a ello: Temo que sean una artería fidelizante con pretensiones intoxicadoras y electoralistas.

En principio, las campañas televisivas de la DGT me parecían simplemente vanas (al cometer un error conduciendo, lo normal es no ir viendo la tele… ni recordando obsesivamente lo visto en ella; ¡digo yo!), estúpidas (nadie normal y consciente se perjudica adrede a sí mismo) y ofensivas (se nos toma por tontos ineducados).

Por ejemplo, creo que los "No podemos conducir por ti", "Elige tu razón…", "Esto es…" y similares, que siempre atribuyen los accidentes a conductas incorrectas de los implicados y nunca a causas imprevisibles o a deficiencias infraestructurales, son primorosos alardes de pedantería y tendenciosidad. Y empezar 2008 dándonos las gracias porque "con el cinturón abrochado, sin alcohol al volante y yendo más despacio", nos hemos matado menos en 2007, me pareció el colmo. Sea poco o mucho, ¿es que nadie en la DGT se da cuenta de que ese dinero podría destinarse a mejorar dotaciones e infraestructuras, que falta hace…?

Luego, cuando se añadió la firma "Gobierno de España" (en adelante, GdE) y la proliferación de otras campañas mediáticas gubernamentales me hizo reparar en su frecuencia y contenidos, pensé: ¿Por qué y para qué las harán…? ¡Con lo que un gobierno progresista, solidario, comprometido con el ecologismo, la sostenibilidad, el cerosietismo, el oenegeísmo y todo eso, podría hacer con tanta pasta dilapidada!

Y como soy malpensado… quizá me equivoque —es más, ¡ojalá!—, pero durante una sesión de control al Gobierno en el Congreso (creo que la última de 2007) vi que no sólo yo he reparado en el abuso y posible mal uso que el GdE hace de las campañitas de marras, pues El tridente del PP que forman Rajoy, Zaplana y Acebes (por cierto, tridente de dientes bien romos comparado con algunas lenguas serpentinas a las que se enfrentan), preguntó repetidamente por ellas al Ejecutivo (y no fueron los únicos…), alegando que les parecían una carísima propaganda gubernativa.

Como tantas otras veces, los interpelados usaron los turnos de respuesta para garbearse por los cerros de Ubeda, hasta que aquel diálogo de sordos lo zanjó una mujer que por su valor dando la cara cuando sus coleguis consideran que las circunstancias aconsejan transparentarse, y por su esmerado vestir, hace tiempo que me inspiró dos motes —"Los cojones del Gobierno" y "Zampamarrones"— y una adaptación del cuplé "La chica del 17". Por cierto, ¿lo conoces...? Pues prueba a cantarlo con esta letra:

La vice del Gabinete
gasta zapatos de tafilete,
sombreros de alto copete,
y abrigos de petigrís.

Los guantes de cabritilla,
medias de seda con espiguilla,
¡y viste la chiquilla,
que ni en París!

Algunas señorías,
se empiezan a mosquear,
y al verla tan compuesta,
murmuran al pasar:

¿Dónde se mete,
la vice del Gabinete?
¿De dónde saca
pa tanto como destaca?
Pero ella dice,
al verlos en ese plan:
¡El que quiera coger peces
que se acuerde del refrán!

La vice del Gabinete
nunca repite sus modeletes,
y tiene con sus toilettes,
revuelta a la vecindad.

La gente ya la critica
pues hace tiempo que no se explica,
¡a dónde va la chica,
tan bien plantá!

Por eso a más de uno,
le da por murmurar,
y al verla tan compuesta,
se paran a pensar:

¿Dónde se mete,
la vice del Gabinete?
¿De dónde saca,
pa tanto como destaca?
Pero ella dice,
al verlos en ese plan:
¡El que quiera coger peces
que se moje el tralará!

¿Sabes quién digo, verdad…? Pues ella, harta de tanta matraca, puntualizó que eso (las campañitas) "no… es… publicidad… sino… in-for-ma-ción". Y lo mintió —¡huy, perdón!— lo dijo como suele: con aplomo, pausando tras cada palabra y silabeando alguna, según dicta esa moda cada vez más extendida entre políticos, locutores, tertulianos y adalides inintelectuales.

Luego, como diciendo "He estado bien, ¿eh…?", miró con indisimulado embeleso al compa sentado a su derecha, ese cuya especialidaz es hablar engolada e hiperesdrújulamente alternando gestos adustos y sonrisas hueras, altos los hombros, prietas las axilas, firme la mirada y recio el ademán, mientras oscila la testa cual los perritos que adornaban la bandeja posterior de los coches hace años (¿a que también sabes a quién me refiero…?). Y con eso se dio por oficialmente concluido el tema, mientras los preguntones se quedaban como de costumbre: sonrientes y aparentando tomárselo a chufla…, pero sin explicación ni rebatimiento.

Ante eso, pensé: Vaya, vaya, así que mensajitos como "Despierta, desayuna", "No te descuides: evita accidentes (domésticos), por lo que más quieras", "Si pescamos mucho, se acabará la pesca; si abusamos de los antibióticos, no harán efecto" o "Ahorra energía" (con actores invitándonos a estar en casa bien arropados o con el aire acondionado templadillo, como corresponde a un estado del bienestar), son informativos… ¡Qué cosas!

Y perlas como incitar a la ludopatía anunciando "Loterías y Apuestas del Estado" o promocionar el AVE diciendo "Ya no importa la distancia que hay entre dos puntos, sino el tiempo que tardas en recorrerla" (¿qué opinarán quienes ven que sus impuestos sufragan anuncios competidores?), ¿también son informativas…? Pues yo lo dudo, y aunque me resigno democráticamente a que el GdE haga de mi capa un sayo, me gustaría que fuese consciente de que no siempre actúa sólo para sus votantes, y que tuviese la delicadeza de no tomarme por gilipollas una y mil veces de forma implícita.

Por otra parte, desde unas semanas antes de ese episodio parlamentario, venía yo notando —sin proponérmelo ni poder evitarlo— que al conectar ciertas emisoras de radio y televisión, el bombardeo de anuncios acabados en "Gobierno de España" (dicho con una untuosidad que me resulta entre impúdica y repugnante, según casos) frisaba el 50% de cada bloque publicitario (Ultimamente han aflojado un poco, pero temo que antes de las elecciones arreciarán de nuevo).

Con esa agobiante sensación, analicé el asunto y observé que según fuera la línea habitual de cada emisora, desde afín hasta crítica con el GdE, las campañitas eran desde masivas hasta inexistentes, curioso detalle que atribuí al azar, claro, pues tratándose de mensajes informativos, sería indecente que no se asignasen siguiendo exclusivamente criterios de equidad e interés público, ¿o no...?

Para entonces, a mi certeza ya le faltaba poquísimo para ser absoluta, y ese poquísimo lo ha aportado de sobra una creciente oleada de nuevas campañitas tan muy informativas y nada publicitarias como las otras: las del abanico institucional que abarca desde ayuntamientos hasta gobiernos autonómicos.

Pues bien, por todo ello y porque creo que para informar hay un sistema más barato y directo que las campañas mediáticas, llamado Correos —al que no encuentro otros posibles inconvenientes que resultar menos vistoso y que como es Sociedad Anónima Estatal, todo queda en casa, en vez de financiar a terceros—, no me quito de la mente la malosa sospecha de que quizá a alguna lumbrera se le hubiese ocurrido el siguiente razonamiento:

  1. Los medios de comunicación privados tienen en la publicidad su principal fuente de ingresos, rinden cuentas a sus accionistas, y en muchos casos, tras el ejercicio 2007 y lo que va del 2008, sus hornos no están para bollos.
  2. ¿Cuántos —en su sano juicio— maltratarían o renunciarían voluntaria e innecesariamente a un gran anunciante?
  3. Inyectando dinero selectivo en el mercado publicitario, se podría premiar a los adictos, fidelizar a los tibios… y castigar a los díscolos.
  4. Y si se lograse eso, ¿no cabría esperar benignidad en las posibles críticas y cierta permisividad ante posibles argucias intoxicadoras y electoralistas?

Dicho de otro modo, la asignación de campañas institucionales podría ser una sutil versión moderna del antiguo racionamiento del papel a los periódicos que no se lo merecían, y con eso no pongo en duda la ética de los medios de comunicación independientes, pues no es igual ser tentador que tentado. Simplemente, temo que alguien del GdE o de su entorno se haya hecho ese planteamiento, porque sería una abyección repugnante.

Total, que entre unas cosas y otras, he llegado a la conclusión expuesta al principio: Temo que las campañas degetianas —y, en general, las del GdE— sean una artería fidelizante con pretensiones intoxicadoras y electoralistas.

No obstante, sólo es mi parecer, quizá errado y sin duda condicionado porque soy receloso y tengo ya cierta edad. Tal vez por eso pienso tan mal de las campañitas, como pienso —por poner otros ejemplos— que el "Canon digital" y la nueva "Ley del cine" son pagos por el "No a la guerra", o que los subsidios para evitar la deserción estudiantil y facilitar la emancipación de los jóvenes, también son arterías captavotos, porque si de verdad se buscase el progreso social, se fomentaría un mercado laboral que les permitiera vivir digna e independientemente. Claro que mientras llega eso, pueden dedicarse a la política, pues múltiples ejemplos demuestran que pocas actividades mejoran la relación valía-preparación-esfuerzo-retribución que es posible lograr en ella.

¡Qué le voy a hacer si soy tan malpensado!

27/1/08

NIEBLA Y DISTANCIA

La colisión en cadena que la niebla originó esta semana en la A-42 (Madrid-Toledo), hizo que varias televisiones se ocupasen del tema aportando, de paso, autorizados consejos. Y yo no quiero ser menos.

Tal como están los tiempos, con los telediarios disputándose la audiencia —y por ende, la publicidad—, recurrir al sensacionalismo es cada vez más habitual, así que a los accidentes de tráfico en general, y especialmente a los múltiples, con vehículos cabalgados y empotrados, airbags flácidos y salpicaduras sanguinolentas, les sobra atractivo para otorgarles máxima relevancia informativa. Lo encuentro lamentable, pero es así; ¡qué se le va a hacer!

También habitual es complementar esas informaciones echando mano de algún autorizado opinador que aconseje con mayor o menor acierto, porque, claro, no hay nada como un trabajo completito y bien hecho.

Pues bien, no voy a dar nombres (en realidad, eso carece de importancia), pero de entre las perlas que oí en diversas emisoras, dos me llamaron la atención especialmente. Una la soltó la locutora de turno diciendo —más o menos— que "con niebla hay que usar las luces antiniebla, aunque si es poco espesa no hace falta encender las traseras". Sí señora, muy bien, un consejo claro y conciso, como debe de ser; ¡para qué extenderse en consideraciones menores!

Y la otra la largó un experto que dijo: "Con niebla, lo que hay que hacer es duplicar la distancia de seguridad". Así de rotundo; nada de vaguedades como adecuarla a las circunstancias o aumentarla un poco, bastante, mucho… o lo necesario. ¡Qué va, lo chachi es "duplicarla"!

Claro, en el primer caso, comprendo que un busto parlante cuya misión es leer textos que le ponen delante, no tiene por qué entender de todo (ni siquiera tiene por qué entender lo que lee, aunque no estaría de más), pero al redactor sí cabe exigirle que entienda o se informe acerca de lo que escribe, e incluso que piense un poco antes de empezar a juntar letras. Ah, y por experiencia periodística sé cuán benéfica es una supervisión de las noticias previa a su difusión.

De haberlo hecho así, alguien se habría percatado de que por las características de su haz (bajo, ancho y corto), el alumbrado antiniebla frontal —bien regulado, por supuesto— nunca deslumbra. Ni con niebla ni sin ella, ni de día ni de noche, ni a quien circula delante ni a quien lo hace en sentido contrario. Luego, aun usado sin necesidad, no origina molestias ni peligros.

En cambio, la intensidad y forma de propagación del posterior hacen que con niebla insuficiente para que la refracción lo difumine, pueda resultarle desde molesto (de día) hasta muy deslumbrante (de noche) a quien circule detrás.

Por eso, y porque el delantero es para ver, mientras que el trasero es para ser visto, creo que como el uso discrecional del primero —al margen de normas no siempre inmejorables— resulta inocuo, allá cada cual (por ejemplo, en noches rasas es una gran ayuda cunetera en curvas, al menos hasta que se generalicen los faros orientables), pero el del segundo exige sensatez.

Consecuentemente, hay que evaluar no ya la cantidad o calidad de la niebla, sino la visibilidad disponible, pues en eso intervienen otros factores como que haga sol o no, que sea de día o de noche, que el asfalto esté húmedo y otros vehículos salpiquen, etc. Y en este punto enlazo con el consejo del experto.

Por definición, distancia de seguridad es la que permite parar sin incidencias, luego con visibilidad plena, como la vista alcanza más allá del punto de posible parada, sólo depende de la velocidad a la que se circula (digo que sólo depende de eso porque condicionantes como la adherencia, la potencia de frenado o los reflejos del conductor van implícitos en el proceso de detención).

Sin embargo, cuando algo (niebla, lluvia, nieve, humo…) limita el alcance de la visión, la máxima distancia de seguridad posible es precisamente ese alcance, pues más allá no sabemos qué hay. Por eso me quedé con ganas de que el experto testicular explicase cómo coño se hace para duplicarla: ¿con radar, láser, sensores térmicos de infrarrojos... u ojitos con rayos X, como Superman? ¡Lástima que no lo aclarase!

Bromas aparte, en esos casos, como la posible distancia de seguridad está limitada, lo correcto es adecuar la velocidad a que podamos parar dentro del campo visual disponible. Vamos, que la distancia de seguridad se determina de manera inversa según sea con visibilidad plena o limitada: en el primer caso, la distancia depende de la velocidad, y en el segundo, la velocidad depende de la distancia.

De ahí la importancia de los antiniebla traseros para la seguridad, pues como su fulgor se percibe cuando aún están fuera del alcance visual nítido, dan un margen adicional de seguridad. Eso sí —esto es para los más lixtos—, desaconsejo tomar la distancia a la que se perciben los pilotos antiniebla como referencia para determinar la velocidad. Se puede hacer, claro, y parece un truco muy hábil, pero si de pronto encontramos a alguien sin ese alumbrado (porque se le ha fundido, ha olvidado encenderlo… o animado por la locutora, lo estima innecesario), puede ser inevitable sufrir un accidente o provocarlo detrás de nosotros.

Resumiendo: En cuanto nuestra visibilidad sea más corta que la distancia de seguridad propia de unas condiciones normales, ¡alumbrado antiniebla trasero encendido —para que se nos vea lo mejor posible— y reducción de la velocidad hasta que el alcance visual disponible se convierta en distancia de seguridad!

Y en cuanto a los medios de comunicación y los opinadores, por favor, un poco de responsabilidad, que sus comentarios y consejos llegan a muchísimas personas no siempre preparadas para saber distinguir los acertados y los no tanto.

Ah, por último, algo que no oí en ninguna emisora, pese a ser tanto más fundamental cuanto más reducida es la visibilidad: ¡Jamás te detengas en la calzada! De hecho, hasta hacerlo en el arcén es peligroso.

21/1/08

ESTOY DESCONCERTADO

¿Nos estará ocultando algo la DGT acerca de los accidentes…?

Lo confieso: estoy desconcertado… y preocupado. Yo, que siempre he tenido fe ciega en la DGT, en sus pompas y en sus obras (como se decía de Satanás en clase de religión), de pronto he caído en la cuenta de que quizá no esté contándonos todo sobre los accidentes. Y aunque sé que si ocultase algo, sería —siguiendo su prudente conducta habitual— por no alarmarnos más de lo imprescindible…, estoy a punto de apostatar.

Me explicaré: he notado que al informar sobre accidentes que suelen considerarse especialmente noticiables —como los provocados por autocares o los sufridos por ellos sin implicación de terceros—, en los que el conductor fallece o no puede hablar temporalmente, a veces se facilitan datos así: "El conductor, profesional experto con historial intachable, no había consumido alcohol ni psicotrópicos; las condiciones circulatorias eran normales; el vehículo tenía al corriente sus revisiones obligatorias, y el tacógrafo revela que en el momento del accidente no rebasaba la velocidad permitida, así que por ahora se desconocen las causas del accidente".

Y ahí empieza mi desconcierto, porque si el accidente no es imputable a la velocidad ni a las condiciones meteorológicas ni a una merma de las facultades del conductor…, ¿a qué se debió? Y tras mucho pensar, me digo: Claro, esto debe ser un ejemplo de accidente provocado —o incluso buscado— por la irresponsabilidad, inconsciencia o distracción de alguien que no hizo caso de todos esos consejos que forman la brillante línea campañera "Hay muchas razones para que no te mates; elige la tuya", "Hazlo por lo que más quieras, pero no te mates", etc.

Y así me tranquilizo, aunque me queda una duda cruel: ¿Habrá otras posibles causas de accidentes —¡¿los habrá incluso imprevisibles…?!— y nosotros, pobres ignorantes, estamos yendo por ahí felices y despreocupados, huérfanos de la protección que nos aportaría una adecuada campañita degetiana?

Además, eso no es todo. También he reparado en que cuando la televisión divulga imágenes de algún automóvil cazado a más de 200 Km/h, a menudo añaden: "Y lo peor es que este vehículo ha sido detectado repetidas veces en el mismo sitio a velocidad similar".

Y, claro, eso ya no puedo admitirlo, así que ante tamaño embate, el único puntal que hallo para afirmar mi fe es pensar: Debe de ser un fallo de radar o una noticia falsa y tendenciosa, urdida para boicotear la labor didáctico-preventiva de la DGT y minar su credibilidad, porque, ¿cómo va a circular alguien a más de 200 repetidas veces, si la velocidad es la madre de todos los males y —según el dire de la DGT— "a 150 no hay quien se salve" (aunque, desgraciadamente, está demostrado que en su caso no es cierto). ¡Pues eso! ¿O será que en vez de referirse a que nadie se salva… de la parca, se refiere a que nadie se libra de la multa?

En realidad, ni lo sé ni me importa… demasiado. Lo que de verdad me importa, me desconcierta y me preocupa es que si hubiese posibles causas de accidentes que la DGT desconoce, no reconoce o no nos cuenta, y la velocidad no fuese fatal en sí misma, no tendría más remedio que pensar que al menos a veces, su proceder denota ignorancia o mala fe. Y si llegase a esa conclusión, lo dicho: apostataría.

Total: entre sospechas y certidumbres, duermo a duras penas y casi no me atrevo a salir de casa. ¡Qué angustioso es esto del tráfico!

7/1/08

¡ENHORABUENA, DGT, Y GRACIAS!

Concluido 2007, la DGT presentó su balance anual y —como no me duelen prendas— quiero darle la enhorabuena… y las gracias. ¡Hala, que no se diga que sólo me gusta criticar!

Empezaré por la enhorabuena. Para mí, hace tiempo que la DGT se esfuerza en dar la impresión de que su principal y casi único objetivo —muy plausible, por cierto— es lograr que nos matemos menos, y para conseguirlo sigue dos líneas de actuación: una blanda (pedir que así lo procuremos) y otra dura (acosar y amedrentar a los conductores para estimularnos a hacerlo).

En cuanto al objetivo, sea porque ha habido más suerte, porque nos hemos esmerado más, porque hemos sido muy bienmandados, porque empezó a notarse cierta crisis y nos movimos algo menos... o por una feliz combinación de todo ello, el hecho es que el descenso del número de fallecidos en 2007 fue notable, luego si nos fijamos exclusivamente en el dato, lo dicho: ¡enhorabuena, DGT!

Y respecto a las líneas de actuación, la blanda ha consistido en bombardearnos con campañas mediáticas, y la dura..., veamos: A los conductores se nos hurta por completo —y por ley— la presunción de inocencia; se nos vigila incluso mediante procedimientos que en cualquier otro ámbito de la vida se considerarían inadmisibles violaciones del derecho al anonimato y a la intimidad; llegado el caso, se nos exige ser delatores; aduciendo que el mal comportamiento de unos pocos obliga a ello, se dictan normas generales cada vez más restrictivas y difícilmente justificables; se aprueban sanciones draconianas..., y aunque podría alargar la lista de logros, creo que con eso basta para volver a felicitar a la DGT e incluso para que pueda exclamar: ¡misión cumplida!

Por lo tanto, vista así, la cosa es como para que los protagonistas del artículo "SONRISAS Y LÁGRIMAS" que publiqué el 13/12/07, se sientan satisfechos. Sin embargo, no impide que algunos maniáticos impertinentes y aguafiestas sigamos obstinados, por ejemplo, en que lo realmente indicativo es el número de accidentes e incidencias, pues el de víctimas y su gravedad —más de una vez lo he destacado— depende, entre otras, de concausas tan aleatorias como la ocupación de los vehículos implicados, la rapidez y eficacia de las asistencias, e incluso el azar. Pero, claro, lo bueno de los datos es que se pueden interpretar según convenga.

Además, a esos recalcitrantes también nos da por tener serias dudas acerca del alcance, eficacia y finalidad de las campañitas mediáticas (en un próximo artículo razonaré lo que creo que son en realidad y por qué creo que se hacen), y eso sin hablar de infraestructuras ni de ciertas convicciones que tenemos, como que para la seguridad, educar sería mejor que castigar, y que más valdría evitar que los malos conductores consiguiesen el permiso de conducir, que limitarse a retirar temporalmente de la circulación sólo a los pocos malos conductores que se detectan.

Por último, puestos a objetar, los más contumaces llegamos al extremo de proclamar que con nosotros, el éxito de la línea dura es relativo, pues en mi caso —el que mejor conozco…—, me siento acosado (mucho) y asqueado (muchísimo), pero en absoluto amedrentado.

Ahora paso al agradecimiento. Confieso que lo mío con la conducción fue auténtica dependencia. Al ver el anuncio de BMW que preguntaba "¿Te gusta conducir?", yo exclamaba: "¡Sí, sí, muchísimo!". No pasaba día sin conducir… y además, bastante. La menor disculpa era suficiente, y si no había ninguna, lo hacía porque sí, por el placer que me reportaba. Ah, y aunque sabía disfrutar con cualquier cosa que tuviese motor y ruedas, elegía mis vehículos por sus prestaciones.

Pero eso era cuando se podía conducir bien, y con esa expresión me refiero a cuando conducir bien era hacerlo con sensatez y sentido común, concentrado y atendiendo a lo que es debido —¡la circulación!—, en vez de hacerlo obsesionado por descubrir radares-trampa y no transgredir normas que, como mínimo, me parecen arbitrarias.

Luego, durante una etapa en la que parodiaba el anuncio diciendo: "Si te gusta conducir, ¿para qué quieres un BMW…?", acepté que los cochazos están bien para que al publicar sus pruebas se facilitase como dato importante el "coeficiente de frustración" que puede proporcionar su uso legal, y para que personalidades y altos cargos se pasen las limitaciones por el forro… del embrague, pero como no encontraba ni encuentro placer alguno en dejarme llevar por un automóvil sobradísimo, teniendo como principal misión controlar sus posibles excesos, busqué consuelo en vehículos cuyo limitado potencial hacía que conducirlos bien no sólo fuese posible y satisfactorio, sino necesario para mantener un ritmo adecuado.

Y últimamente, al recordar el anuncio, pienso: "Sé que me gustaba, pero ya no estoy seguro, pues rara vez tengo ocasión de comprobarlo". Ahora paso días y días sin conducir; de hecho, procuro hacerlo lo menos posible, y pensar en un viaje largo basta para ponerme de mala leche. Como consecuencia, supongo que estoy perdiendo facultades, lo que debería preocuparme desde el punto de vista de la seguridad, pero como el que evita la ocasión, evita el peligro, y paso mucho menos rato conduciendo, pues lo uno se compensa con lo otro.

Por supuesto, ese degradante proceso empezó resultándome cabreante y frustrante, pero con el tiempo asumí que era inexorable… y ya hasta disfruto, sobre todo calculando lo que ahorro en coches, seguros, impuestos, combustible e incluso reparaciones (por ejemplo, siempre bautizo mis vehículos procurando asignarles nombres adecuados, y tengo un Córdoba TDI al que no en vano llamo "Cabrón", que desde hace más de dos años se le sale la 5ª. Antaño, eso me habría supuesto un serio disgusto y una abultada factura, pero hogaño ni me planteo repararlo porque, ¿qué falta me hace…?). Ah, y para colmo, tengo la satisfacción de contaminar poquito. ¿Se puede pedir más?

Resumiendo: No puedo felicitar a la DGT por lo que me ha hecho —o quizá fuera más exacto decir por lo que ha hecho de mí—, pero al menos en lo económico, puedo y debo darle las gracias. Sí señor, ¡y muchas!

EPILOGO: ¡En fin, Pilarín, se acabó 2007! En cierta medida, que 2008 sea más o menos feliz depende de nosotros, pues al ser año de elecciones, habrá un momento para decidir... y cuatro años —o incluso toda la vida— para arrepentirse, así que, por favor, piensa bien lo que haces.